Por GEMA CRIADO
Por GEMA CRIADO
Escribo esto porque me he dado cuenta de que guardarse lo que uno siente es una forma de morir un poquito cada día que pasa, y el arte (en cualquiera de sus formas...), si no se comparte, acaba perdiendo su fin, aquello por lo que nace. Como aquellos pensamientos, reflexiones o incluso ideas que a través de el silencio gritan.
Siempre he pensado en la idea de que las cosas que nos hacen felices, las que de verdad nos remueven por dentro, tienen que salir a la luz porque quizás son el salvavidas de otra persona.
Supongo que por eso mi relación con el cine empezó de verdad con La Sociedad de los Poetas Muertos; no fue solo ver una película, fue el instante en el que me dí cuenta de que alguien había reflejado como nos sentimos (me incluyo): perdidos, sin la suficiente motivación para hacer aquello que realmente se refugia en nosotros.
Me enseñó que vivir no es lo mismo que estar viva, y que la mayoría vive "anestesiado" o como se dice ahora en piloto automático, siguiendo una inercia que no nos pertenece. Como si tuviéramos miedo de despertar y ver que lo que estamos haciendo no tiene ningún sentido.
Muchas veces, por miedo, incertidumbre o simplemente por seguir a un grupo que enmascara nuestra verdadera realidad.
A veces me paro a pensar en quién soy y solo encuentro pedazos de historias que me han marcado, y esta película es, sin duda, la base de todo lo que intento construir.
Me llaman sentimental, me dicen que soy demasiado reflexiva, que le saco punta a todo, pero es que no entiendo otra forma de existir que no sea cuestionándome qué hago aquí y qué es lo que me hace ser yo misma de verdad.
Me gusta pensar que la filosofía de Keating no era solo sobre poesía, sino sobre el valor de ser vulnerable en un mundo que te exige ser de hierro. Me hizo entender que la sensibilidad no es algo que se tenga que ocultar para encajar, sino una brújula para no perderse en lo que los demás esperan. Hay algo profundamente doloroso y a la vez precioso en esa búsqueda de la felicidad que nos plantea la película; esa idea de que el tiempo se nos escapa entre los dedos y que, si no nos atrevemos a ser nosotros mismos ahora, quizás no lo seamos nunca.
El cine me dió ese sentido de urgencia pero no en la inmediatez sino de cambiar mi presente para ser aquello que siempre había soñado, esa necesidad de buscar la belleza en los pequeños detalles y de no conformarme con una vida en blanco y negro.
Soy quien soy porque un día vi a unos chicos subirse a sus pupitres y entendí que yo también quería mirar el mundo desde otro sitio, desde otro punto de vista que gira la mente 360°, uno donde las emociones no se juzguen y donde el arte de vivir sea la única verdad que nos quede.
Si escribo esto es porque necesito que el mundo sepa que detrás de cada película que veo hay una búsqueda personal, un intento desesperado de encontrar respuestas a preguntas que a veces ni siquiera sé formular.
Al final, todos somos un verso suelto intentando encajar en un poema que no entendemos, y yo he decidido que mi verso sea libre, único y auténtico, aunque no todos lo entiedan , porque dormido se viven sueños que no te dejan despertar.
Si no estamos aquí para sentir que el corazón nos late con fuerza por algo que amamos, entonces no sé qué estamos haciendo.
La única conclusión que puedo sacar es que vivir con miedo es vivir enjaulado.
Debemos luchar por nuestros ideales, esforzarnos y tener siempre presente que darse cuenta de aquello que no estamos haciendo correctamente, es el primer paso para alcanzar ese futuro que tanto solemos desear.
La clave...? No existe como tal, pues cada uno de nosotros funciona con piezas únicas. Pero rodearse de personas que comparten tu valores y no te juzgan por ser quien eres , es el mejor comienzo.
Porque la poesía no está en los libros, está en el riesgo de vivir como si hoy fuera el último poema.
Y yo, por fin, he empezado a escribir el mío.